Cuaderno Veterinario

Mejores técnicas para reducir el estrés en gatos al viajar en auto

2026.09.11
Mejores técnicas para reducir el estrés en gatos al viajar en auto

La humedad en Montevideo se te pega a la ropa como un recordatorio de que todo, tarde o temprano, se oxida. Eran las seis de la tarde de un viernes de lluvia cuando me encontré ayudando a un compañero de la oficina a trasladar a su gato, un atigrado precioso pero aterrado, para un viaje de apenas quince minutos que terminó pareciendo un cruce transatlántico. El sonido de los maullidos era una sinfonía de angustia pura que rebotaba en el parabrisas empañado.

Aclaración de cuaderno: en estas notas se cuelan enlaces de afiliado de vez en cuando. Si terminás comprando algún curso a través de uno, a mí me toca una comisión y a vos te sale lo mismo. Solo hablo de materiales que yo mismo estoy usando para entender por qué Lola renguea o por qué el gato de mi compañero casi se desmaya en el asiento de atrás; si no lo aclaro, es que no hay enlace de por medio.

El oído de 64,000 Hz: Por qué el auto es una tortura sensorial

Mientras escuchaba ese maullido desgarrador, me acordé de una de las diapositivas del curso de técnico auxiliar veterinario que vengo masticando por las noches. Los humanos oímos hasta los 20,000 Hz, pero los gatos llegan a los 64,000 Hz. Eso significa que el roce de los neumáticos contra el pavimento mojado o el silbido del motor no son solo ruidos para ellos; son una agresión física constante.

En ese momento, vi que el gato tenía midriasis —las pupilas tan dilatadas que casi no se veía el iris— y empezaba a jadear. Antes de empezar el curso, hubiera pensado que tenía calor, pero ahora sé que el jadeo en gatos suele ser una señal de estrés agudo, casi un ataque de pánico. No soy veterinario, solo soy un analista de seguros que estudia anatomía bajo una lámpara de escritorio, pero ver esos signos me hizo darme cuenta de que estábamos haciendo todo mal.

Primer plano de los ojos de un gato con las pupilas dilatadas por el estrés.

La temperatura y el mito del encierro absoluto

Uno de los errores más comunes es pensar que el gato debe ir encerrado en el transportín más pequeño posible para que 'no se mueva'. Sin embargo, mi perspectiva cambió después de leer sobre etología felina aplicada. Limitar el espacio de forma extrema puede ser contraproducente; a veces, permitir que el gato elija su lugar dentro de un habitáculo controlado (como un transportín más grande o una zona segura del auto con red) reduce la ansiedad por encierro. No se trata de que vaya suelto saltando por los pedales —eso es un peligro—, sino de darle control sensorial.

También está el tema de la temperatura corporal. Un gato normal está entre los 38.1 y 39.2 °C. En situaciones de estrés, esa temperatura puede subir rápidamente. Si a eso le sumás la falta de ventilación en un transportín tapado con una manta pesada, tenés la receta para un golpe de calor emocional. Preparar el transportín para gatos implica equilibrio: oscuridad para que no vean el movimiento del exterior, pero flujo de aire constante.

El ritual de las feromonas y los 15 minutos de espera

Hace unos meses, cuando empecé a profundizar en el comportamiento, aprendí el truco de las feromonas sintéticas. Pero hay un detalle técnico que casi nadie respeta: el tiempo de espera. Sentí el clic metálico de la puerta del transportín y el olor penetrante a feromonas sintéticas impregnando la tapicería del asiento trasero, pero cometimos el error de meter al gato enseguida.

El fabricante (y el manual del curso) recomienda esperar exactamente 15 minutos. ¿Por qué? Porque estas feromonas vienen en una base de alcohol. Si metés al gato apenas rociás la manta, el olor alcohólico es tan fuerte que lo irrita más de lo que lo calma. Hay que dejar que el alcohol se evapore para que solo quede el mensaje químico de 'este lugar es seguro'. Es como cuando yo trato de memorizar el músculo trapecio después de un día largo: si no despejo la cabeza primero, la información no entra.

Mano aplicando spray de feromonas en una manta dentro de un transportín para gatos.

Habituación: El 'territorio móvil' se construye en casa

Si estás pensando en una mudanza o un viaje largo, no podés esperar al día del evento para presentarle el auto al gato. Los gatos son neofóbicos por naturaleza: odian lo nuevo. En el curso que estoy haciendo sobre viajes y mudanzas con gatos, explican que el auto debe convertirse en una extensión de su territorio mucho antes de arrancar el motor.

Si ves que la situación te supera, lo mejor es consultar con un profesional de la conducta felina o tu veterinario de confianza para evaluar si necesita algún apoyo farmacológico. Yo solo tomo notas en mi cuaderno, la decisión clínica siempre es del profesional.

Transportín para gatos asegurado en el asiento trasero de un auto, cubierto con una manta.

El silencio al final del trayecto

Aquella tarde de lluvia, después de aplicar lo poco que sabía (apagar la radio, abrir un poco la ventana para que corriera aire fresco y tapar la vista directa hacia el tráfico), el gato finalmente se calmó. Sentí esa tensión en la nuca que desaparece cuando el gato deja de jadear y finalmente se enrosca sobre su manta. No fue magia, fue entender un poquito de su fisiología.

A veces me siento un poco tonto estudiando anatomía veterinaria a las once de la noche siendo un administrativo, pero momentos como ese me confirman que valió la pena inscribirme en el curso de técnico auxiliar. No para diagnosticar, sino para dejar de ser un espectador mudo cuando los animales que quiero sufren.

Si tenés un viaje importante por delante y querés entender a fondo por qué tu gato se comporta como si el mundo se terminara, te recomiendo mucho pegarle una mirada al material de Viajes, Mudanzas y Gatos. Es una inversión que se paga sola la primera vez que lográs que tu mascota viaje en paz, sin maullidos de terror de por medio. Al final del día, lo que buscamos es que ellos también se sientan en casa, aunque la casa se esté moviendo por la rambla de Montevideo.

Importante: Lo que lees aquí refleja mi experiencia personal y mis opiniones, no consejos profesionales. Investiga por tu cuenta y consulta a los profesionales adecuados antes de realizar cambios en tu salud, dieta o finanzas.