Cuaderno Veterinario

Cómo evaluar la deshidratación en perros mediante el pliegue cutáneo

2026.07.20
Cómo evaluar la deshidratación en perros mediante el pliegue cutáneo: primeros auxilios y cuidados en casa para la salud canina

¿Cuánto debería tardar la piel de un perro en volver a su lugar después de pellizcarla suavemente? Llevo casi dos años metido en un curso de auxiliar veterinaria por las noches, y esa fue una de las primeras preguntas del módulo de primeros auxilios para perros: un chequeo de salud canina que cualquier persona puede sumar a sus cuidados en casa, sin bata blanca ni instrumental. La respuesta no es un número fijo y, antes de llegar ahí, conviene entender qué es lo que en realidad se está midiendo bajo la piel de tu perro.

Antes de anotarme en el curso, probé preguntar en varios grupos de Facebook de dueños de mascotas cada vez que algo no me cerraba con Lola. Los consejos se contradecían tanto entre sí que terminaba más confundido que al principio, sin ninguna forma de saber qué mensaje anónimo merecía más crédito que otro. Eso, en parte, fue lo que me empujó a buscar algo más ordenado que un hilo de comentarios.

¿Qué es exactamente la prueba del pliegue cutáneo?

En el curso lo llaman evaluación de la turgencia cutánea, un nombre elegante para algo simple: ver qué tan rápido vuelve la piel a su lugar después de pellizcarla con suavidad. Cuando un perro está bien hidratado, la piel guarda una reserva de líquido que le da elasticidad; si esa reserva baja, la piel se queda estancada un momento, como una hoja que no termina de desarrugarse del todo. No hace falta memorizar el porqué exacto del mecanismo para usar la prueba: alcanza con saber que menos rebote significa menos agua disponible.

Al principio confundía este chequeo con tomarle el pulso o la temperatura, pero es otra cosa: no da un número exacto de nada, muestra una tendencia. Es la diferencia entre preguntar cuánta agua le queda a un perro y preguntar cómo está reaccionando el cuerpo a la falta de agua en ese momento puntual.

Demostración técnica de la maniobra del pliegue cutáneo en la zona interescapular de un perro, un chequeo básico de salud canina

Los pasos de la maniobra, sin sustos al perro

La primera vez que lo intenté con Lola elegí mal la zona: la agarré cerca del carpo, o sea la muñeca del perro, y ella me miró como si le hubiera hecho una broma pesada. La zona correcta es la interescapular, el pliegue de piel que tienen entre los omóplatos, el mismo lugar donde antes se solía levantar a los cachorros — algo que hoy sabemos que conviene evitar.

Ahora sigo un orden que anoté hace tiempo en mi cuaderno: primero dejo que Lola esté relajada, porque si está tensa los músculos de abajo pueden hacer que la piel parezca menos elástica de lo que es en realidad. Después tomo una porción de piel entre el pulgar y el índice, justo encima de los hombros, y la levanto sin apretar de más. Por último la suelto de una sola vez y cuento los segundos que tarda en aplanarse otra vez contra el lomo.

Esa primera vez que me salió bien sentí algo parecido a un resorte: la piel de Lola volvió a su sitio casi al instante, muy distinto a como reacciona la piel de una persona. Según lo que maneja el curso — y que coincide con el Manual Merck de Veterinaria — ese regreso debería tardar menos de dos segundos en un perro sano; más que eso ya es una señal de alerta.

Cuando la prueba engaña: perros mayores o con sobrepeso

Ahí es donde el material del curso y la vida real no calzan del todo. El video decía que pasados los dos segundos hay deshidratación, sin muchos matices. Pero cuando se lo comenté al veterinario de Lola, me bajó un poco a tierra: ella es una perra rescatada, no sabemos su edad exacta, y ya le asoman canas en el hocico. Su piel no reacciona igual que la de un cachorro.

En perros mayores la piel tiende a tardar más en volver a su lugar aunque estén bien hidratados, lo que puede dar una alarma falsa. En perros con sobrepeso pasa lo contrario: el exceso de tejido bajo la piel puede disimular una falta real de líquidos y hace que el pliegue vuelva más rápido de lo que debería. Mi cabeza de estudiante busca automáticamente un umbral, un corte limpio, pero cada perro es un caso particular y todavía me cuesta aceptarlo del todo.

El otro día me crucé con Sebastián, un vecino del edificio, mientras esperábamos el ascensor. Tiene un gato de doce años con artritis diagnosticada y me preguntó si estas pruebas caseras servían también para saber si su gato estaba tomando suficiente agua. Le dije que sí, con las mismas salvedades de siempre, y él, como cada vez que hablamos de esto, me recordó que un chequeo casero es un complemento y no un reemplazo de la consulta veterinaria.

Apuntes manuscritos de auxiliar veterinaria sobre hidratación canina y primeros auxilios en casa

Otras señales de salud canina que confirman o descartan la deshidratación

Como aprendí que el pliegue puede mentir, ahora cruzo datos en vez de confiar en una sola prueba — es lo mismo que hago con los siniestros en la oficina: si un dato no cierra solo, busco el siguiente. Reviso las mucosas levantándole el labio a Lola y tocándole la encía: húmeda y resbaladiza es buena señal; pegajosa o seca pesa más que un pliegue lento.

También está el tiempo de llenado capilar, que suena más complicado de lo que es: presiono la encía hasta que se pone blanca, suelto, y cuento cuánto tarda en volver a ponerse rosada. Como con el pliegue, debería ser menos de dos segundos. Si un pliegue lento se junta con encías secas y un llenado capilar de tres segundos, ahí ya no hay demasiado para pensar: toca llamar al veterinario. Para ordenar estos términos uso mi propio glosario de términos veterinarios, armado noche a noche desde que empecé el curso.

Este tipo de chequeo cruzado es parte de lo que practico en el módulo sobre cómo hacer un examen físico básico, y se apoya en cosas que fui aprendiendo por separado: a reconocer el músculo trapecio cuando el veterinario habla de una cojera, a ubicar el carpo en la pata delantera, a leer una radiografía sin perderme, a entender los términos médicos que antes me sonaban a otro idioma, a distinguir los problemas de salud más comunes en perros de refugio, a saber qué implica una rehabilitación cuando hay problemas de movilidad, a leer un análisis de sangre después de una consulta, y a notar señales de dolor con solo observar cómo se mueve un perro. No lo hago para diagnosticar nada — lo hago para tener datos concretos que darle al veterinario, en vez de decir simplemente "la veo rara".

Antes de llamar al veterinario, cruzá estos datos

En casos extremos, como cuando se sospecha un golpe de calor, saber leer estos signos con algo de criterio puede ganar minutos importantes antes de subir al auto rumbo a la clínica. Sigo sin título veterinario ni experiencia clínica: todo esto es lo que voy procesando en un curso y contrastando con mi propia perra. Hoy leo la historia clínica de Lola de un tirón, sin detenerme a buscar qué significa cada palabra, algo que antes de este curso ni se me hubiera ocurrido intentar.

Mi rincón de estudio sigue siendo el mismo ángulo de la sala en el apartamento de Palermo: una mesa que hace esquina, la notebook, un vaso de café que se enfría sin que lo note, y las hojas impresas del curso amontonadas junto al teclado. El brazo derecho de la silla de oficina ya está gastado de tanto apoyarme ahí para pensar, y bajo la mesa Lola duerme sobre una alfombra azul marino que a esta altura es más de ella que mía. Todavía siento el lápiz raspar el cuaderno cuadriculado cada vez que anoto una palabra nueva, y algunas tardes salgo a caminar con ella por Parque Rodó solo para verla moverse con más atención de la que le prestaba antes de anotarme en el curso.

Cecilia, una amiga del barrio que lee estos textos antes de que los publique, me sigue mandando correcciones de estilo — nunca de contenido, dice, porque de perros no sabe nada. Con Lola tranquila junto a la estufa y el pliegue volviendo rápido bajo mis dedos, cierro el cuaderno sabiendo que la próxima duda va a aparecer apenas abra el próximo módulo.

Importante: Lo que lees aquí refleja mi experiencia personal y mis opiniones, no consejos profesionales. Investiga por tu cuenta y consulta a los profesionales adecuados antes de realizar cambios en tu salud, dieta o finanzas.