Cuaderno Veterinario

Cómo medir la frecuencia cardíaca en perros de forma técnica y segura

2026.08.22

No es fácil señalar con exactitud el punto exacto del pecho de tu perro donde se siente el corazón. La mayoría de los dueños —yo incluido, hasta hace relativamente poco— apoyaría la mano en cualquier lado del costillar y confiaría en la suerte. Estudiar para auxiliar veterinario me enseñó que la frecuencia cardíaca no se mide a ciegas: hay una anatomía precisa detrás de cada latido, y entenderla es, en el fondo, una forma concreta de cuidar la salud canina de tu perro en casa, no solo una curiosidad técnica.

Lola duerme cerca de mi silla mientras escribo esto, ajena a que otra vez la voy a usar de modelo de anatomía casera. La adoptamos de un refugio hace un tiempo, con una cojera que ningún veterinario lograba explicarnos del todo, y esa impotencia fue lo que me empujó a anotarme en un curso de auxiliar en clínicas veterinarias. No busco ejercer —mi trabajo real está en una aseguradora, revisando siniestros—, pero quería dejar de asentir sin entender cada vez que alguien mencionaba un término médico sobre mi propia perra.

Dos formas de tomar el pulso, un mismo objetivo: hacerlo bien

El curso enseña dos técnicas distintas para llegar al mismo número: el pulso precordial, que se siente en el pecho, y el pulso femoral, que se siente en el muslo. Ninguna de las dos es incorrecta, pero tampoco son intercambiables sin criterio, y distinguir cuándo usar una u otra terminó siendo, para mí, la parte más útil de todo el módulo.

Antes de anotarme al curso, probé leer blogs de veterinarios buscando entender qué le pasaba a Lola por mi cuenta. No sirvió de mucho: cada párrafo tenía dos o tres palabras que no reconocía, y ninguna explicación estaba pensada para alguien sin formación previa. El módulo de constantes vitales, en cambio, empezó por lo básico: qué es normal antes de preguntarse qué es alarmante.

¿Dónde se esconde el corazón en la anatomía de un perro?

Cuaderno de anatomía de perro y apuntes de auxiliar veterinario junto a Lola dormida en el rincón de estudio

Según el manual que sigo, el corazón de un perro se ubica entre el tercer y el sexto espacio intercostal, principalmente del lado izquierdo. Espacio intercostal es, para quien nunca lo escuchó, simplemente el hueco entre dos costillas —una de esas palabras que suena más complicada de lo que es una vez que la traducís.

Hay un truco que aprendí en una clase grabada y que nunca me falló: si flexionás el codo izquierdo del perro hacia atrás, el punto donde ese codo toca el tórax es, casi siempre, donde mejor se siente el latido. Se llama latido precordial, y la primera vez que lo encontré en Lola, ella me miró con una desconfianza total, como si no entendiera qué buscaba ahí.

Aclaro esto en cada texto porque me parece importante: no soy veterinario ni tengo experiencia clínica, y todo lo que anoto acá es el resumen de lo que el curso enseña para asistir al profesional, no para reemplazarlo. Si noto algo raro, mi primera reacción no es diagnosticar, sino anotar el dato para la próxima consulta. De eso hablo también cuando escribo sobre las ventajas de estudiar auxiliar de veterinaria sin intención de ejercer: no se trata de reemplazar al médico, sino de ser mejores ojos en casa.

Cómo tomar el pulso precordial paso a paso

Mano localizando el latido precordial detrás del codo de un perro para medir la frecuencia cardíaca

Para tomarlo, prefiero que Lola esté parada o acostada sobre su lado derecho, en lo que el manual llama decúbito lateral derecho —un término que me costó memorizar más de lo que me gustaría admitir. Apoyo la palma de la mano izquierda directamente detrás de su codo izquierdo, presiono con suavidad pero con firmeza contra las costillas, y cierro los ojos un segundo: suena innecesario, pero ayuda a concentrarse en la vibración táctil en lugar de distraerse con lo que se ve alrededor. Si el perro está estresado o recién jugó, la medición no sirve: hace falta un momento de calma real, no aparente.

Cuento los latidos durante quince segundos y multiplico por cuatro para obtener la frecuencia. Podría contar el minuto completo, pero en un perro inquieto sesenta segundos son una eternidad, y multiplicar por cuatro da un número confiable para un monitoreo casero, aunque no reemplace una auscultación profesional.

El método femoral: rápido, pero no siempre recomendable

Cronómetro junto a un perro en reposo durante una medición técnica de frecuencia cardíaca

El pulso femoral se siente en la cara interna del muslo, donde la arteria femoral pasa cerca del hueso. En el foro del curso, una compañera, Analía Techera, comentó una vez sobre este tema con una soltura que todavía me sorprende: tira términos técnicos con la misma naturalidad con la que otro comenta el clima, y leerla me hizo notar la distancia que todavía me separa de manejar el vocabulario con esa comodidad.

Ahí es donde mi experiencia con Lola y lo que aprendí en el módulo de ortopedia se cruzan. En perros con artrosis o con sobrepeso, forzar la apertura de la pata para buscar el pulso femoral puede ser contraproducente: la palpación profunda en esa zona genera un estrés doloroso que altera la frecuencia real y arroja una falsa taquicardia, cuando en realidad solo le estamos generando molestia. Reconocer esa diferencia entre una reacción de dolor y una reacción cardíaca real es, de hecho, algo que también toco cuando explico cómo usar la escala de condición corporal en perros sin causarles estrés.

Por eso, si tenés un perro mayor o con problemas de movilidad, el latido precordial en el pecho va a ser siempre la opción más segura y más fiel a la realidad. El femoral queda mejor reservado para perros jóvenes, sin dolor articular, y sobre todo como una segunda medición para confirmar que el pulso llega parejo hasta la pata. Elegir uno u otro sin pensar en la condición física del perro es, probablemente, el error más común de quien recién empieza a tomarse esto en serio.

¿Qué frecuencia cardíaca es normal y cuál enciende una alarma?

Apuntes de auxiliar veterinario con los valores normales de frecuencia cardíaca en perros adultos y cachorros

Una noche calculé el número de Lola: dieciocho latidos en quince segundos, lo que da setenta y dos por minuto. El manual de constantes fisiológicas dice que el rango normal en perros adultos va de sesenta a ciento cuarenta latidos por minuto; los perros grandes suelen estar más cerca del piso de ese rango, mientras que los cachorros o las razas miniatura pueden llegar a ciento ochenta sin que eso sea una emergencia.

Lo que más me costó entender fue la arritmia sinusal respiratoria: en los perros es normal que el corazón se acelere un poco al inhalar y se frene al exhalar. La primera vez que lo noté en Lola me asusté, pausé el video del curso y releí la explicación tres veces antes de aceptar que era, en realidad, señal de un buen tono vagal —salud, no falla. En una consulta de rutina vi a la veterinaria contar el pulso de Lola durante treinta segundos completos y duplicar el resultado, no en bloques de quince como enseña el curso: un desajuste chico entre la teoría y la práctica real que preferí anotar en vez de ignorar. Entender esos términos médicos básicos, más que repetirlos sin pensar, terminó siendo el verdadero objetivo detrás de aprender a contar latidos.

Cuándo dejar de medir y llamar al veterinario

Aunque esté aprendiendo, no juego a ser médico: anoto en mi cuaderno cualquiera de estas señales para comentarlas en la próxima consulta, o para llamar de urgencia si la situación lo amerita. Una frecuencia en reposo por encima de ciento cuarenta latidos de forma sostenida es motivo de atención, igual que un ritmo totalmente irregular que no siga el patrón de la respiración. También anoto si el pulso femoral no coincide con el latido del corazón —lo que el manual llama déficit de pulso— o si las mucosas se ven pálidas o azuladas mientras estoy tomando la medición. Ninguna de estas señales, por separado, es motivo de pánico automático, pero sí de una llamada.

El entorno es tan importante como la técnica

Momento de calma entre dueño y perro antes de revisar su salud canina en casa

El entorno pesa tanto como la técnica misma. Si hace mucho calor, o si el perro está alterado por una tormenta o por ruido fuerte, los valores que vas a obtener no van a ser reales por más perfecta que sea tu postura de la mano. Por eso elijo momentos en los que la casa está en silencio y Lola llegó a su punto más relajado del día, no cualquier hora al azar.

Hace poco Rodrigo Barreto, un colega de la aseguradora, me pasó por el chat de la oficina un artículo con un título alarmante sobre problemas cardíacos en perros, de esos que generan pánico antes de explicar nada. Es una costumbre suya: encuentra titulares exagerados sobre salud animal y me los manda para que se los traduzca. Esta vez pude leerlo con calma y explicarle que un corazón acelerado, sin otros síntomas, no es automáticamente una emergencia —que el contexto y la técnica de medición importan tanto como el número final.

Dos métodos, una sola conclusión

Lentes sobre manual de anatomía veterinaria y mate al cierre de una sesión de estudio sobre frecuencia cardíaca

Durante un control veterinario, la veterinaria mencionó de pasada el tendón de Aquiles de Lola mientras le revisaba la pata trasera, y por primera vez no tuve que preguntar qué era ni dónde quedaba: ya sabía exactamente hacia dónde mirar. Ese tipo de momentos, más que cualquier nota en el cuaderno, es lo que me confirma que algo del vocabulario finalmente quedó incorporado. Medir la frecuencia cardíaca es apenas una pieza de un examen físico básico más amplio, pero es la pieza que más control me da un lunes cualquiera en el living, sin bata blanca ni consultorio de por medio.

Si tenés un perro rescatado con una historia incierta, como cuento en problemas de salud en perros de refugio, la regla que me quedó de todo este módulo es simple: el pulso precordial, en el pecho, es la opción por defecto —más segura, más cómoda para el perro y más fácil de repetir sin generarle estrés. El pulso femoral queda para perros jóvenes, sin dolor articular evidente, y sobre todo como una segunda medición para confirmar que el pulso llega parejo hasta la pata. Elegir uno u otro sin pensar en la condición física del perro es, probablemente, el error más común de quien recién empieza a tomarse esto en serio.

Cierro el cuaderno con Lola otra vez dormida sobre el tapete azul marino, sin saber que acaba de ser, una vez más, el modelo de estudio de esta noche. El motor sigue funcionando bien esta noche, y ese dato concreto —no una sensación difusa— es la parte del curso que más vale la pena.

Importante: Lo que lees aquí refleja mi experiencia personal y mis opiniones, no consejos profesionales. Investiga por tu cuenta y consulta a los profesionales adecuados antes de realizar cambios en tu salud, dieta o finanzas.