Cuaderno Veterinario

Cómo dar pastillas a un perro difícil con técnicas de auxiliar

2026.08.21
Cómo dar pastillas a un perro difícil con técnicas de auxiliar veterinaria: manejo clínico en casa con un perro mestizo.

Cuarenta y dos dientes. Esa es la cantidad que tiene la boca de un perro adulto, y basta con que se cierre en el momento equivocado para que la pastilla termine en el piso y tu mano termine con marcas de baba. Es la primera pregunta que me hacen cuando cuento que curso auxiliar veterinaria: cómo lográs que un perro difícil trague la medicación sin que sea una pelea. La respuesta corta es que no depende de la fuerza, sino de entender un poco de farmacología y manejo clínico, algo que a mí me costó entender con Lola, mi perra mestiza, bastante antes de anotarme en el curso.

Antes de estudiar nada, mi estrategia con los suplementos era comprar lo que fuera y confiar en la etiqueta. Le di glucosamina a Lola durante bastante tiempo sin saber realmente si era lo que necesitaba para lo que le pasaba en la pata, guiándome más por lo que decía el envase que por un criterio propio. Esa forma de manejar el bienestar animal a ciegas es, en el fondo, lo que el curso vino a corregir: no reemplaza al veterinario, pero me da vocabulario y criterio para no improvisar tanto en casa.

Una noche, repasando en la pantalla los esquemas de farmacología para este mismo tema, tuve que pausar el video porque no tenía idea de qué significaba "biodisponibilidad", y terminé buscando la palabra antes de seguir. Con la única luz prendida en toda la casa siendo la del portátil, los dibujos de huesos y músculos brillaban blancos contra la oscuridad, y ahí entendí que una cosa es memorizar un término y otra muy distinta es saber para qué sirve.

Manejo clínico: por qué esconder la pastilla en jamón puede fallar

Esta es la primera pregunta que contesta el módulo de farmacología, y va bastante en contra de lo que se lee en cualquier blog genérico sobre perros. Camuflar la pastilla en algo grasoso o muy sabroso no sale gratis: algunos fármacos cambian su forma de absorberse si se mezclan con ciertos alimentos, y el perro, tarde o temprano, aprende a distinguir el olor del remedio metido en su comida favorita. Lola ya reconoce el jamón con pastilla adentro a diez metros y directamente lo aparta con el hocico. Lo que enseñan, y que a mí me costó animarme a probar, es dar la pastilla seca, sin disfraz, directo en la boca.

Primer plano de una pastilla veterinaria en la mano, mostrando manejo clínico para la farmacología canina en un perro difícil.

Un perro adulto tiene una dentición permanente completa, y ninguna de esas piezas está pensada para quedarse quieta si le metés la mano mal. Por eso practiqué primero con un peluche: buscar el huequito que queda justo detrás de los colmillos, sin forzar los dientes de adelante, para poder sostener la mandíbula sin que el perro pueda cerrarla del todo sobre los dedos.

Sostené la mandíbula así, sin forcejear

La sujeción que enseñan es simple: formás una especie de C con el pulgar y el índice de la mano que más controlás, y la apoyás sobre el hocico, justo detrás de los caninos de arriba. Con la otra mano, inclinás apenas la cabeza del perro hacia atrás, lo suficiente para que la mandíbula de abajo pierda tensión sola, sin exagerar el ángulo ni forzar el cuello. En el grupo de WhatsApp de dueños de perros de refugio, Darío Mendieta preguntó una vez, medio en broma, si alguien más volvía de la vuelta por Plaza Cagancha con la manga llena de baba por una pastilla mal dada. La respuesta, para casi todos, fue que sí.

Apuntes de un curso de auxiliar veterinaria sobre cómo sostener la mandíbula de un perro para darle una pastilla.

¿Qué hacer si el perro esconde la pastilla en el cachete?

Pasa más seguido de lo que parece: el perro traga en apariencia, pero guarda la pastilla en un rincón de la boca para escupirla apenas te das vuelta. Rossina Bentancur, que arma un resumen prolijo de cada módulo en el grupo de estudio del curso, fue quien me insistió en no soltar la mandíbula tan rápido. Después de dejar la pastilla lo más atrás posible sobre la lengua, cerrá la boca con suavidad y pasá los dedos por la garganta de arriba hacia abajo hasta sentir que traga de verdad. Después, abrile la boca de nuevo un segundo para chequear que no quedó nada guardado. Ese último paso es, para mí, lo que marca la diferencia entre lograrlo y tener que empezar de cero diez minutos después.

La diferencia entre adivinar y saber en la consulta

La última vez que llevé a Lola a control le pregunté a la veterinaria por qué elegía ese fármaco en particular para el condroprotector, y por primera vez me contestó con detalle, como si estuviera hablando con alguien que entendía algo del tema y no con el dueño que asiente y anota poco. Escribí hace poco sobre las ventajas de estudiar auxiliar de veterinaria para cuidar mejor a tu perro, y esta es, en el fondo, la razón real: en casi dos años metido en esto, la diferencia entre adivinar y saber terminó siendo la calma con la que Lola encara cada pastilla.

Perro mestizo descansando tranquilo en el piso de madera después de tomar su medicación sin pelea.

Reconocer cuándo el problema no es la técnica sino el dolor

Con todo lo anterior resuelto, todavía hay un caso en el que ninguna técnica de sujeción alcanza: cuando el perro se resiste porque algo le duele, no porque sea terco. Si notás que la resistencia aparece siempre del mismo lado del cuerpo o que se pone rígido apenas le tocás cerca de una zona puntual, vale la pena parar y observar antes de insistir con la pastilla. Sobre esto escribí en detalle en cómo identificar signos de displasia de cadera en perros, porque a veces la resistencia a la medicación es, en realidad, la primera señal de un dolor que todavía no detectamos. Y si la pastilla es para algo serio, o el perro directamente no la retiene, lo que corresponde es levantar el teléfono y llamar al veterinario antes de seguir insistiendo por tu cuenta.

Importante: Lo que lees aquí refleja mi experiencia personal y mis opiniones, no consejos profesionales. Investiga por tu cuenta y consulta a los profesionales adecuados antes de realizar cambios en tu salud, dieta o finanzas.